Unidad de Atención Integral

UAI-5

 

Mito: Los estudiantes con discapacidad cognitiva no aprenden.

Realidad: No es el estudiante el que no aprende es el entorno y el modelo educativo poco pertinente para reconocer otras formas de aprender y evidenciar diversos aprendizajes básicos y para la vida.

Mito: Los estudiantes con talentos y capacidades excepcionales son “buenos” en todo y no requieren apoyos.

Realidad: Los talentos se presentan en áreas específicas (deportiva, artística, académica…) requieren acompañamiento para desarrollar habilidades emocionales y socio-afectivas, además  del ajuste razonable en algunos  procesos de la gestión escolar con el fin de que se reconozca la capacidad y el potencial de aprendizaje de estos estudiantes. Es también necesario un proceso de sensibilización en los diferentes entornos que intervienen al estudiante con el fin de posibilitarle la participación activa y acorde con su edad y contexto.

Mito: La participación de población con discapacidad, especialmente cognitiva, autismo y sensorial en las pruebas censales,  afecta los niveles de calidad visibles en los indicadores  de resultado de las pruebas.

Realidad: Las pruebas censales aplicadas por el ICFES son un  ejercicio de medición de calidad en el sistema educativo, busca monitorear el desarrollo de las competencias básicas en los estudiantes.
Para desmitificar en parte el mito mencionado, en la actualidad el ICFES, promueve la inscripción previa de la población con discapacidad para realizar los ajustes pertinentes y orientar los apoyos requeridos según las condiciones específicas de los estudiantes.

El ICFES genera en parte una tranquilidad a directivos y docentes con el tratamiento que se da a los resultados de las pruebas ya que la muestra de la población que participa en éstas y reporta alguna Necesidades Educativas Especiales (NEE) no  entra en la parametrización  estadística de la población global, pero si se genera un informe diferencial que es presentado a las instituciones educativas como un ejercicio de retroalimentación la cual puede ser interpretada a la luz de los avances en inclusión.

Mito: Los estudiantes con diagnósticos psicosociales mentales no pueden hacer parte del proceso educativo porque tienen dificultad para la convivencia.

Realidad: Los  niños, jóvenes y adultos con este tipo de discapacidad y que cuentan con un tratamiento especializado, pueden  participar en el proceso educativo sin ninguna dificultad.
Las instituciones deben generar espacios de sensibilización a docentes y familias, además de  realizar ajustes razonables que posibiliten la calidad y pertinencia en la oferta educativa para esta población.

Mito: Al tener profesionales de apoyo pedagógico se “llenan” las instituciones de niños con diagnósticos de discapacidad.

Realidad: La atención de población con discapacidad es un deber de todas las entidades territoriales, sin embargo el no contar con el apoyo correspondiente, no exime a las instituciones educativas de garantizar la atención con pertinencia y calidad de todo niño, niña, adolescente o adulto con discapacidad.
Es responsabilidad de todo directivo garantizar el derecho a la educación sin discriminación alguna, además de gestionar los apoyos necesarios para atenderlos.

Mito: Las personas que se comunican con señas son “sordo mudos”.

Realidad: Las personas usuarias de la Lengua de señas colombiana,  al tener alterado su canal auditivo no tiene un referente de comunicación oral, sin embargo el lenguaje de señas suple la necesidad del habla, por tal razón su condición es solo de “sordo”.

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