Modelo de Simulación de Naciones Unidas 2017, Simonu con vos

Cambiar el mundo con ideas, el objetivo de los jóvenes en Medellín

Por: Andrea Arenas Gallego

El 4 de noviembre de 2017, más de 500 jóvenes, de diferentes instituciones educativas públicas y privadas de Medellín, se reunieron en la Universidad Nacional, para la Cuarta Simulación del Modelo de las Naciones Unidas, SIMONU con vos. En la actividad cada joven cumplía el rol de un delegado, con el objetivo de dialogar sobre temas relacionados al post-conflicto y los derechos humanos, pretendido encontrar soluciones viables para lograr un cambio positivo en el mundo. 

La jornada comenzó con la ceremonia de inauguración. El coordinador del programa de educación complementaria de la Secretaría de Educación de Medellín, Juan Sebastián González dio la palabra bienvenida a todos los asistentes. Posteriormente, John William Branch, el vicerrector de la Universidad Nacional, sede Medellín, agradeció a los jóvenes por su esfuerzo y los invitó hacer uso del pensamiento crítico. Finalmente, Adelaida Balthazar Correa, secretaria general del SIMONU y Susana Gómez Jiménez Secretaria adjunta, invitaron a los asistentes a creer en ellos mismos, a inspirar al mundo a través de sus acciones y a ser líderes positivos con argumentos bien fomentados, para así convertirse en la esperanza que tienen acerca de la humanidad.

Posteriormente, los delegados se dividieron entre las doce comisiones presentes: El Congreso de la República de Colombia, Organización de Estados Americanos, Liga Árabe, Unión Europea, DISEC, OTAN, CS, ACNUR, ONU Hábitat, UNICEF, ONU Mujeres y PNUMA. En cada una debatieron temas relacionados al post-conflicto como el acuerdo de paz con el ELN y las medidas para la atención integral de inmigrantes provenientes de África y Medio Oriente. También, se debatieron temas relacionados a los derechos humanos como la situación de los derechos de los niños en países afectados por conflictos armados y la afectación de los derechos de las mujeres en países en conflicto, estos temas fueron debatidos en las comisiones de la UNICEF y ONU Mujeres respectivamente. 

Los delegados de todas las comisiones trabajaron en equipo y promovieron la sana utilización de poder, para así llegar a múltiples soluciones viables para las problemáticas debatidas. Además, las representaciones pidieron a los países en crisis que buscaran estrategias para salir adelante e hicieron énfasis en que “somos humanos y tenemos derecho a equivocarnos, razón por la que debemos estar dispuestos a brindar ayuda y a recibirla cuando sea necesaria”. 

Finalmente, se realizó la clausura del evento. En esta, se homenajearon los delegados y presidentes sobresalientes con premios como: mejor discurso, delegado destacado, mejor delegado y mejor presidente. Igualmente, se visualizó el video de entretenimiento, que fue realizado durante todo el evento, y el noticiero, hechos por el equipo de prensa, seguidos por la presentación del grupo de música stomp (la cual se hace a partir de sonidos corporales y elementos reciclables) y Solle U.N, dejándonos así una enseñanza acerca de la importancia de cuidar el medio ambiente.  Para concluir, se leyeron los discursos de clausura de los secretarios adjuntos Juan José Giraldo y María del Mar Oyola, en los que agradecieron la participación de los delegados y los invitaron a participar en el próximo modelo.

 

El Ciclo de la Guerra

Por: Paulina Machuca Quintero y Andrea Arenas Gallego. 

El ciclo de la guerra es igual en todas partes del mundo. Se empieza por una diferencia de ideología o por la búsqueda de poder. Luego se ven los grupos revolucionarios que buscan el bien popular, cabe resaltar que, para mover las masas, estos grupos deben llamar la atención, usualmente, a través de la violencia. Es aquí donde contemplamos los medios de comunicación invadidos de noticias alarmantes acerca de los efectos colaterales. La sociedad, el gobierno y la comunidad internacional se alteran, así que crean los “procesos de paz” con el fin de neutralizar la supuesta guerra creada por las inconformidades de cada grupo. Este ciclo termina con el post-conflicto. Procederé a dividir esta última etapa en tres partes. 

En la primera parte, se encuentran aquellos países que no están preparados para asumir las verdaderas consecuencias y costos del post-conflicto, pero que independientemente de si los ciudadanos están de acuerdo o no, lo hacen, ya que es lo que más le beneficia al gobierno. En la segunda, están los países en los que tanto el gobierno como los ciudadanos, verdaderamente desean tener un post-conflicto pacífico, y logran cambiar para bien tras cerrar los procesos de paz que llevan. Finalmente, se encuentran los países que viven un post-conflicto violento; un post-conflicto que únicamente genera inmigrantes y más problemas de los que ya existían.

Lastimosamente, la gran mayoría de países que viven el post-conflicto lo hacen de la tercera manera; de la manera violenta y destructiva que la raza humana trata de ocultar. Entonces, como jóvenes, estudiantes nos preguntamos: ¿Cuál es el verdadero propósito del post-conflicto? Y aunque basándonos en lo anteriormente dicho (y en lo que sabemos acerca de las fatales condiciones humanitarias, políticas y sociales que generalmente traen) podríamos asegurar que el post-conflicto tiene como objetivo reconstruir, aunque no siempre lo logra. Sin embargo, también somos conscientes de los efectos positivos que un post-conflicto pacífico y armónico (perteneciente a la segunda categoría) puede llegar a traer, y tenemos fe en que más tarde que temprano, todos podremos vivirlo de esta manera.  

Sabemos que es un ciclo inevitable, pero que es flexible y consta de diferentes maneras para que esta etapa de reconstrucción sea benefactora y no destructora; es por esto que debemos esforzarnos para que el post-conflicto sea semejante al de la segunda categoría y así cumplir con los verdaderos objetivos de este. 

Un Mundo sin Derechos Humanos

Por: Paulina Machuca Quintero 

Cuando empecé a leer los temas que se iban a debatir en este modelo, me llamó la atención uno que debatía una problemática con la cual vivimos a diario, pero que ha dejado de ser nuestra prioridad porque se ha vuelto algo común: los derechos humanos. 

Vemos en los noticieros las consecuencias del cambio climático, el efecto que tiene el dólar cuando sube o baja en la economía internacional, e incluso, empezamos nuestras mañanas leyendo el periódico para enterarnos qué está pasando en el sector político de nuestro país. Nos informamos de lo que pasa a nivel nacional e internacional, somos capaces de mantener conversaciones sobre las próximas elecciones presidenciales en Colombia o sobre el conflicto que hay entre Estados Unidos y Corea del Norte; pero no estamos enterados de situaciones cómo las de Nigeria, Zimbabwe o sin ir más lejos, Brasil.

Antes de darme cuenta de esto, era una persona que abría el periódico y en el instante que surgía un título cómo “Persecución étnica a los Musulmanes Rohingya” pasaba la página, pues pensaba que era una persecución más, hecha por un gobierno más y que sería un conflicto más sin fin, comenzado por una protesta o rebelión contra el gobierno... Repetía esto con cada noticia que hablaba sobre la violación de los derechos humanos, pues sentía que ya era algo común, que era una situación que se repetiría por siempre, haciendo que perdiera mi interés y preocupación por el tema.

Fue solo hasta el día que leí un artículo de Chimamanda Ngozi, una escritora de Nigeria, que pude entender la magnitud de esta situación. La base de nuestra sociedad son los derechos humanos, pues de ahí parten las ramas del respeto, la tolerancia y ciertos valores universales que son primordiales para el desarrollo sano de esta. Ahora bien que podía entender por qué eran tan importantes estos derechos, debía analizar la consecuencia colectiva de la violación de estos e ir más allá de la consecuencia individual. Debía entender cómo la violación de derechos (tales como el derecho a la libre expresión, a la educación, a la salud, etc), podían contribuir a problemáticas cómo la crisis en Venezuela.

Hoy, después de haber abierto un poco más mis ojos, puedo entender que lo que le falta al mundo es la humanización, la compasión y el respeto. Estas tres características son brindadas por los Derechos Humanos, por consiguiente, debemos apegarnos a ellos para así construir una sociedad y un mundo en armonía. Siempre van a existir los conflictos, pues estos parten de las diferencias ideológicas, pero debemos aprender a entender estas diferencias y usarlas para crear soluciones, teniendo en cuenta siempre el bienestar del otro.

Los Derechos Humanos nos guían a una mejor convivencia, es por esto que la raíz de la mayoría de las problemáticas que enfrentamos hoy, es la falta de estos.

Discurso de apertura del Modelo de Simulación de Naciones Unidas 2017

Por: Adelaida Balthazar Correa

Hace seis años, cuando comencé mi recorrido en los Modelos de Naciones Unidas, tuve la osadía de imaginarme como Secretaria General. Sin embargo, debo admitir que no comprendía bien qué era este cargo, no sabía qué era la diplomacia, y la palabra “soberanía” parecía inventada. Lo que nunca me imaginé, fue el impacto imborrable que haber participado en los modelos de Naciones Unidas tendría en mi vida.

Creo que desde que somos muy pequeños nos enseñan que la paz es la falta de guerra, y que sólo los presidentes y reyes pueden trabajar para conseguirla. Hoy pienso que la paz se construye con ladrillos de coherencia y con cemento de consciencia, por personas como ustedes, y como yo. Creo que si todos entendiéramos antes de juzgar, pensáramos antes de actuar, y nos atreviéramos a cambiar y a inspirar a los demás para hacer lo mismo a través de nuestras acciones, no habría conflictos sobre los cuales debatir. 

Cuando empecé este recorrido era una niña penosa, a la que le temblaban las manos y se ponía roja al momento de leer un discurso. Con el tiempo y sin darme cuenta, esta actividad, a la que asistí por primera vez sin saber a lo que me estaba enfrentando, se convirtió en una pasión. Y tal como me imagino nos sucede a muchos de los que madrugamos un sábado a debatir sobre problemas globales, comencé a recibir comentarios como “cuando seas grande vas a ser presidenta y cambiarás el mundo.” Hoy pienso que el mundo no es algo que se cambia en el futuro. Hoy estoy convencida de que solo es posible impactarlo desde las acciones más cotidianas en el presente. Y creo que la ONU no nos enseña a ser presidentes. Nos enseña a ser líderes, capaces de construir un pensamiento lo suficientemente claro y correctamente argumentado como para tomar decisiones bien fundamentadas. 

Muchos dicen que la raíz de los conflictos es el desacuerdo. Yo no creo que debamos estar todos de acuerdo para encontrar la paz. Considero que el desacuerdo es normal, es constructivo, es de humanos. Pero si vamos a estar en desacuerdo con algo, debemos tomamos la molestia de analizar, de proponer soluciones y no más problemas. Y más importante aún, es entender el fondo de los desacuerdos para llegar a ser lo suficientemente sabios como para aceptar y respetar aquello que no podemos cambiar.

La primera vez que asistí a un modelo, tal como muchos de ustedes, tenía la ilusión de cambiar el mundo. Pero si algo descubrí en estos años es que no se cambia nada afuera sin cambiar primero adentro. No podemos pretender que el mundo sea tolerante si nosotros juzgamos; y no podemos pretender que el mundo cambie si nosotros seguimos siendo los mismos. Por esto hoy les quiero hacer una invitación a la coherencia; a no pedirle al mundo lo que no estamos dispuestos a darle. 

Antes de iniciar mi vida en los modelos, creía que el mundo era perfecto. Una vez me sumergí en estos, comprendí los términos beligerante, desigualdad, pobreza y corrupción. Sin embargo, esto nunca significó para mí que deberíamos dejar de amar a nuestro país y a nuestro mundo, sino que por el contrario, deberíamos trabajar para acercarlos cada día más a la visión ideal de ellos que todos sabemos se puede lograr.

En un mundo donde las malas noticias parecen ser más que las buenas, y la tragedia se convirtió en la lectura diaria en el periódico, considero indispensable encontrar algo que nos dé esperanza. Algunos pueden buscar la esperanza en las palabras de un político. Otros, pueden buscarla en la promesa de un futuro mejor. Pero para mí, es suficiente con levantar la mirada para encontrarla. Para mí, la esperanza son ustedes; son personas creativas, respetuosas, capaces de creer que está en sus manos construir un mundo mejor.

Estoy segura de que cada uno de ustedes tiene una historia, una identidad y un contexto diferente. Pero aquí, la única diferencia que quiero ver es la de nuestras ideas. Porque si va a haber una diferencia entre nosotros, que sea una que nos enriquezca, y no una que nos divida. Que sean nuestras ideas el motor que nos impulse, y no la ambición, el irrespeto, la intolerancia, o el radicalismo. 

No se dejen engañar, después de seis años escribiendo y recitando discursos todavía me tiemblan las manos. Pero comprendo el propósito de este evento, y soy testigo de su poder para transformar y generar conciencia. 

Si aprenden algo del día de hoy, que sea a atreverse, a entender antes de juzgar, a aprovechar su talento creativo para encontrar soluciones, a creer en ustedes mismos.

Yo creo en el poder transformador de este Modelo, que no es otra cosa que el poder transformador de ustedes y sus ideas, puestas al servicio de un futuro que nos haga sentir orgullosos de nuestra esencia humana.

Muchas gracias.